La Vida Transformada ⎯ Parte 15 Vivir en Armonía Unos Con Otros

Posted bySpanish Editor February 16, 2026 Comments:0

(English version: The Transformed Life – Live In Harmony With One Another)

Romanos 12:16 da este mandato: “Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humiles. No se crean los únicos que saben.”

El tema es vivir en armonía unos con otros y asegurarnos de eliminar el único obstáculo que lo impide. ¿Y cuál es ese obstáculo? ¡El orgullo! Si queremos mostrar una mentalidad unida, no podemos permitir que el orgullo nos domine. En cambio, la humildad de pensamiento es la clave para vivir en armonía.

Analicemos este versículo en cuatro partes; cada una de las cuales es un mandato.

Mandamiento # 1

“Vivan en armonía unos con los otros.” Algunas traducciones dicen: “Tened el mismo sentir unos con otros.” La idea es la unidad de pensamiento. No significa que todos debamos tener las mismas opiniones sobre todo. No somos robots. La idea es unirnos hacia un objetivo común: glorificar al Padre a medida que nos asemejamos más a Cristo mediante su obra transformadora. Esta actitud es tan importante que este mandato se repite a menudo en el Nuevo Testamento (Fil. 1:27; 2:1-2; 1 Pe. 3:8).

La iglesia primitiva se caracterizó por esta actitud, como se afirma en Hechos 4:32: “La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común.” Incluso en el Antiguo Testamento, el salmista expresó este deseo de que los creyentes vivieran en unidad en el Salmo 133:1: “¡Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!”

Reflexiona sobre la siguiente ilustración:

Cierto tipo de árbol en California crece hasta 91 metros sobre el suelo. Curiosamente, estos árboles gigantes tienen sistemas radiculares inusualmente superficiales que se extienden en todas direcciones para captar la máxima humedad superficial. Sus raíces entrelazadas también se apoyan mutuamente contra las tormentas. Por eso suelen crecer en grupos. ¡Rara vez verás este árbol solo, ya que los fuertes vientos lo arrancarían rápidamente!

Esta es la imagen que Dios desea en nuestras iglesias y hogares. Los creyentes deben vivir en armonía. Sin embargo, la experiencia demuestra que no suele ser así. En lugar de armonía, hay división y agitación en lugar de paz. Y una de las principales razones es el orgullo. Por eso Pablo da otro mandato.

Mandamiento # 2.

“No sean arrogantes.” En esencia, Pablo dice: “No sean orgullosos en sus pensamientos. Si se necesita armonía, es necesario eliminar el pensamiento orgulloso.” Y tiene razón. El comportamiento es resultado del pensamiento; ¡el pensamiento orgulloso conduce a un comportamiento orgulloso!

El orgullo siempre quiere salirse con la suya. Y cuando existe tal mentalidad, siempre hay disputas (Stg.4:1-3). Ya sea en la iglesia o en el hogar, donde hay una actitud obstinada de “a mi manera o a la calle,” no puede haber armonía. Habrá discordia donde exista el tipo de actitud de Diótrefes de “me gusta ser el primero” (3 Juan 1:9). De ahí el mandato: “No sean orgullosos.”

Mandamiento # 3

El orgullo se manifiesta en una forma de relacionarse solo con ciertas personas según su estatus y su importancia para nosotros. En otras palabras, las personas orgullosas no se relacionan con todos, sino solo con quienes pueden promover sus intereses. Por eso Pablo dice: “háganse solidarios con los humiles.”

Jesús pasó tiempo con los marginados y no buscó pertenecer a la elite. Debería ser lo mismo con nosotros. No podemos fijarnos en quién nos ayudará a ascender en posición o poder y relacionarnos solo con ellos. En otras palabras, no podemos usar a la gente para llegar a donde queremos. En cambio, debemos tratar a todos por igual con amor, incluyendo la disposición a pasar tiempo con los marginados (Lc. 14:13).

Un predicador describió una escena en una congregación cristiana primitiva. Un hombre famoso se convirtió al cristianismo y asistió a su primer servicio religioso. Entró en la sala donde se celebraba el servicio. El líder cristiano le indicó un lugar y le dijo: “¿Se sentaría ahí, por favor?” “Pero”, dijo el hombre, “no puedo sentarme ahí, porque eso significaría sentarme junto a mi esclavo.” “¿Se sentaría ahí, por favor?” repitió el líder. “Pero,” dijo el hombre, “seguramente no junto a mi esclavo.” “¿Se sentaría ahí, por favor?” repitió el líder una vez más. Y el hombre, finalmente, cruzó la sala, se sentó junto a su esclavo y le dio el beso de la paz.

Eso es lo que hizo el cristianismo en el Imperio Romano. La Iglesia cristiana era el único lugar donde amo y esclavo se sentaban uno junto al otro. La iglesia sigue siendo el lugar donde han desaparecido todas las distinciones terrenales, pues, con Dios, no hay acepción de personas.

Así que estemos dispuestos a asociarnos con personas de baja posición.

Mandamiento # 4

En este versículo, Pablo añade un mandato más: “No se crean los únicos que saben” No se envanezcan. No se crean sabios. Eso es lo que quiere decir. La Nueva Traducción Viviente lo traduce así: “No se crean que lo saben todo.” Los orgullosos son solo eso. Tienen un concepto alto de sí mismos, lo que los lleva a jactarse vacíamente y sin fundamento.

Por eso la Biblia nos advierte repetidamente que no seamos arrogantes ni sabios a nuestros propios ojos. Proverbios 3:7 dice: “No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal.” Proverbios 26:12 dice: “¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él.”

Es difícil incluso hablar con personas arrogantes, aquellos que se consideran sabios. Si les señalas sus faltas, más vale que estés preparado para enfrentar su ira. Diles que son orgullosos y te responderán con dureza: “¿Cómo te atreves a llamarme orgulloso?”. Por otro lado, quienes buscan la humildad reflexionan cuando otros denuncian su pecado. “¿Tienen razón?”, se preguntan. Tampoco dudan en preguntar: “¿Qué cosas específicas ves en mí que te hacen decir que soy orgulloso, o que muestro impaciencia o ira, etc.?”

Un destacado empresario cristiano llamado Howard Butt escribió un artículo titulado “El Arte de Ser un Pez Gordo”. Entre otras muchas cosas reveladoras, dijo estas palabras:

Es mi orgullo lo que me hace independiente de Dios. Me atrae sentir que soy dueño de mi destino, que dirijo mi propia vida, tomo mis propias decisiones y me las arreglo solo. Pero ese sentimiento es mi deshonestidad fundamental. No puedo hacerlo solo. Necesito ayuda de otros y, en última instancia, no puedo depender de mí mismo. Dependo de Dios para mi próximo aliento. Es deshonesto de mi parte fingir que soy algo más que un hombre: pequeño, débil y limitado. Así que vivir independiente de Dios es un autoengaño.

No se trata solo de que el orgullo sea un rasgo desafortunado y la humildad una virtud atractiva; es mi integridad psicológica interior la que está en juego. Cuando soy vanidoso, me miento a mí mismo sobre lo que soy. Me hago pasar por Dios y no por hombre.

Mi orgullo es la adoración idólatra de mí mismo. ¡Y esa es la religión nacional del Infierno!

Por eso Jeremías advirtió a su asistente Baruc con estas fuertes palabras: “Pero tú, ¿buscas para ti grandes cosas? No las busques.” (Jer. 45:5). Con razón Filipenses 2:3-4 dice: 3Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, 4no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.”

Entonces, ¿cómo podemos acabar con el orgullo y vivir en armonía? Tres sugerencias.

(1) Necesitamos reconocer el orgullo en nuestros corazones (Sal. 51:4).

(2) Necesitamos leer las Escrituras que tratan sobre el orgullo y la humildad y orar fervientemente al Señor para que aplique esas verdades a nuestros corazones (Ef. 6:17-18a).

(3) Debemos reflexionar continuamente sobre la vida de Jesús y seguir sus pasos. La mejor manera de aprender humildad es a través del ejemplo de Jesús. Jesús mismo, al describirse a sí mismo, dijo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón,” (Mateo 11:29). Esta es la única vez en los evangelios que Jesús se describe a sí mismo: ¡manso y humilde de corazón!

Se ha dicho bien del Señor Jesús que su vida y su muerte son “una reprensión permanente a toda forma de orgullo a la que somos propensos.” La siguiente tabla ilustra este punto.

El orgullo dice: La Biblia dice esto de Jesús:
Mira mis antecedentes familiares ¿No es éste el hijo del carpintero? (Mat. 13:55)
Mira cuánto dinero tengo El Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. (Lc. 9:58)
Mira mi apariencia No tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos. (Is. 53:2)
Mira la gente importante con la que ando Amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores. (Lc. 7:34)
Mira cuántas personas hay debajo de mí Entre vosotros yo soy como el que sirve. (Lc. 22:27)
Mira cuánta gente me admira Fue despreciado y desechado por los hombres. (Is. 53:3)
Mira qué fuerte soy Por mí mismo no puedo hacer nada. (Juan 5:30)
Mira cómo siempre me salgo con la mía No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió (Juan 5:30)
Mira lo inteligente que soy No hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseño. (Juan 8:28).

¡Aprendamos de este Jesús, nuestro Salvador, nuestro Señor, nuestro Rey gentil y humilde, y nuestro ejemplo de lo que realmente significa la verdadera humildad cuando buscamos vivir en armonía unos con otros!

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